Pronto comienzan las golondrinas, pronto se almacena la ternura,
Y nace tus ojos, y nacen tus pasiones, intactas de cielo,
Detrás de aquellos muros estarás, en frente del rayo,
Eclipse desfigurado, piso del mundo escarchado.
Pieza de nube.
¿Estás? El vacío planta su humor de ignorancia, ¿estás?
Una nube habla en secreto, mientras el viento canta,
¿Estará? El mundo se enloquece a mí alrededor,
Y tus aromas que asoman las piezas del acordeón.
Harina y ternura.
Aquí estoy, enloquecida de risas descubiertas,
¿las escuchas? Corrí, en homenaje a tu visita,
¿te irás pronto? Del suelo asomó pronto el vuelo,
¡No se irá! Esperará el vuelo de sus zapatos tan bien plantados.
Pronto la luz.
Un baile alojado en los nidos del zorzal, piano;
Una sonrisa navegando en tus temblores, vida;
Un fugitivo escapa, mientras, en su nave imaginaria, perdón;
Una niña busca su destino, tan escondido entre los árboles deshojados.
¡Allí estás!
¡Tururú! Apareció en la magia de tus manos, es cierto,
Volaban lejos las golondrinas con las riendas de la certeza,
¡Ahí estás! Un refugio aparecido de entre mis cabellos,
Y un piano que remece sus melodías calladas.
Síguela.
Continúa la búsqueda de los pañuelos, de la esencia,
Derrumba su castillo, por mientras, un niño desolado,
¿Dónde estoy? ¡Llegó el agua hasta la confianza!
Aquí estás, la voz susurrando, le dice al fin.
Mírame.
El correr, como si no fuese necesario, ya no más,
Te lleva asustado a los brazos delicados, decorados de sol,
Y se sienta en tus nervios, creando las figuras escarchadas,
Aliento, remece al fin, los fugitivos llenos del corazón errante.
Aquí estoy.
¿Tardé? Como el ocaso lleno de un leve acento,
Fue la hora, enemistada finalmente, que me escondió,
¡Nunca más tarde! Hora en que el ocaso renombra su estado inicial,
Caída está esta luz, reparación de señor, se necesitan tus sueños,
¡Pero no al final!
¿Escaleras? Hombros livianos, de algodón levemente estrellado,
¿Volar? Como los pañuelos recordados en el universo,
¿tus manos? Esparcidas ante el sol espaciado, de luna,
¿Esos ojos? Un suspiro que cae rendido bajo un árbol.
Destino.
Vuela el niño, agazapado como una furia,
Estrellado bajo sus propias convicciones,
Tumulto de pensamientos, se le esconden,
Flotando, los acerca, desde sus estrellas.
Y allí nace.
No me ganen, campos tan grandes,
Corriendo, susurra el león a sus zapatos,
La perla se apodera de su piel, mientras tanto,
Caerse no es un destino, es el incierto de sobrevivir.
¡Tu valentía! Se escuchan los fugitivos.
¡Me despertaré en tu pecho! Soñó en sus juegos,
¡Caminaré bajo la neblina! Estuvo feliz de nacer,
¡Romperé el mundo! Para correr,
¡Te amaré! Y el universo volvió a crecer.
¿Es que acaba de soñar?
Y los pobres inconscientes, alarmados, se asustaron,
¡Ha nacido, tan feliz, un hombre! Razones acarameladas
¡Rompió su propia corona! Caballero, en el papel,
Y aún más hombre desde sus entrañas extrañadas.
Ha nacido un único clavel.
¿Aún viven? En su tierra, de fuerte oleaje,
Como un mar abierto a sus pupilas, en el arder,
Bajo por el remolino, colorido es tu papel,
De nacido escondido, ante el noble atardecer.
De rencor, siempre al final, mueren los fugitivos.
Vital es tu piel, como tu aroma al llover,
Extrañar, similar a la felicidad, por esta primera vez,
Una vez más, me siento, estrellada, en tu atardecer,
Ahí correrá, por el cielo, tu extrañado mirar.
Clavel, una vez más.
Y si se enfrentara aquel mendigo junto a la muerte,
Estarías coronado por la mano del cielo, anochecer,
Como un rayo vestido de luz, serías otra vez,
Alcanzado por ese mirar, que busca el cielo brotar.
Rosa nunca más.
Música, en aquellos pasos harinados, de árbol verde
Como el rocío dibujado en aquella sombra descubierta,
El destino aferrado a tus brazos se aferra a tu refugio
De libertad, para siempre en el eclipse olvidado.
Para siempre.
La promesa callada en su propio corazón, alegre escribe,
“Juntos, una vez más, han llorado este atardecer, de nubes
Y escarlata de los sueños encontrados, agradecidos vuelan
A este único refugio de despertar”, y llueve a los pasos de los
dos enamorados.
Incitada, agazapada, fugaz como el cielo arrebol situado,
“Se defienden, palabras amigas del alma floreada,
Se ciñen como dos huracanes del baile remolino eterno,
Destreza he necesitado, pues sus almas han hablado”
Para siempre.
Volar, correr, esconder,
Como dos ángeles se posan tus ojos en los fugitivos agradecidos,
Ya se van, a volar correr y esconder, pues la vida les ha hablado,
Ya no hay nada más que hacer.
Ahora sí.
Corazón, encontrado, de oro, hallado,
Nublemos el barco que zarparía sin nosotros,
Nos quedaremos en tu alma, como dos robazapatos,
Ternura, hallada, en la tierra encontrada.
He vuelto a hablar.
Ahora vuelo, corro a los campos estrellados del amanecer,
La hora, el día y el holluelo en tu hermoso aparecer,
Risas, que han sido despertadas, darán un buen quéhacer,
Búscame porque, nuevamente, en tus ojos estaré.
Musical.
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Este es el poema que hice para tí para nuestro aniversario c:
Te amo DEMASIADO. Nunca lo dudes, ni por un segundo c:
Tu Ari.


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