
Era un día en que las nubes se tropezaban con el viento de la vida nuestra, y nada podía calmar el púrpura que nacía de aquel sol, de aquel amor, aquel púrpura cuyo aroma transporta al recóndito mundo de la libertad. Como en aquellas edades místicas, ambos labios eran un suspiro de líquido estelar, de los trenes que jamás fueron abandonados, eran tierra y lluvia que luchaban contra todo para estar unidos, mientras ambos labios se abrazaban con ternura*
Dos titanes entre aquel dulce manjar, entre el mundo travieso de sus pieles, y el mundo del sueño gigante, de los pensamientos amordazados hasta estallar. Y es que el mundo jamás había visto algo así: dos cielos sintiendo nerviosos escalofríos, formando un solo universo
soñando en un apacible manto púrpura. Dos corazones soñando hasta el fin de las pasiones, hasta que el mismo verso no sabía expresar tal emoción, hasta que sus brazos se unían como dos estrellas contando sus historias. Fue la unión del agua y los recuerdos, de los cabeceos aromáticos de las flores contra el viento, fue el despegue de una golondrina, así fue aquel momento. Y mientras ambas manos soñaban con jugar por siempre en aquel lenguaje de universo, sus almas palpitaban sin la razón del mundo extranjero; esta vez gritaban por la locura más bella del mundo. y aquel melodioso grito bastó para que, al caer, las hojas cortaran las cadenas…Nació. Abrió los ojos y contempló ambas miradas, ambos silencios, ambos gestos…y supo que aquella sería la palta más verde de todas, la más soñadora. ¿Cómo decirle todo lo que había pasado? No era necesario, a la noche sigue necesariamente la luz, y así fue, la luz apareció con sus manos bellas en la mañana, con un vaso de lunas llenas en su interior, y con aquellos brazos de sol al interior de su corazón. Nada perturbaba, puesto que en las burbujas de amor no hay espacio para nada que no entre por el corazón, no sabía que ocurría en derredor, sólo sabía que en aquellos ojos estaba reflejado el paraíso, Y que el cielo había sido testigo de aquel juramento, dando su promesa de no llevarse las estelas de aquel mundo pequeño, y gigante como en los sueños. Los momentos se tornaron un viento ensordecedor, el murmullo más bello de todos, la esperanza en almas nacidas en aquella tierra bella…y los pergaminos de la tristeza se deshicieron como dos lagrimas nacidas del pesar. ¿Qué otra cosa podía pasar? entregándose al viento se transformaron en alquimistas exitosos, y las quimeras de aquella noche reluciente quedarían en aquellos ojos por siempre, mientras el propio púrpura daba el saludo inicial de aquellas gigantes esperanzas
Y el universo silenció su vida para dar a aquellas golondrinas la mayor felicidad de todas, para otorgar aquella dulzura de las estrellas gigantes.
Dos titanes entre aquel dulce manjar, entre el mundo travieso de sus pieles, y el mundo del sueño gigante, de los pensamientos amordazados hasta estallar. Y es que el mundo jamás había visto algo así: dos cielos sintiendo nerviosos escalofríos, formando un solo universo
soñando en un apacible manto púrpura. Dos corazones soñando hasta el fin de las pasiones, hasta que el mismo verso no sabía expresar tal emoción, hasta que sus brazos se unían como dos estrellas contando sus historias. Fue la unión del agua y los recuerdos, de los cabeceos aromáticos de las flores contra el viento, fue el despegue de una golondrina, así fue aquel momento. Y mientras ambas manos soñaban con jugar por siempre en aquel lenguaje de universo, sus almas palpitaban sin la razón del mundo extranjero; esta vez gritaban por la locura más bella del mundo. y aquel melodioso grito bastó para que, al caer, las hojas cortaran las cadenas…Nació. Abrió los ojos y contempló ambas miradas, ambos silencios, ambos gestos…y supo que aquella sería la palta más verde de todas, la más soñadora. ¿Cómo decirle todo lo que había pasado? No era necesario, a la noche sigue necesariamente la luz, y así fue, la luz apareció con sus manos bellas en la mañana, con un vaso de lunas llenas en su interior, y con aquellos brazos de sol al interior de su corazón. Nada perturbaba, puesto que en las burbujas de amor no hay espacio para nada que no entre por el corazón, no sabía que ocurría en derredor, sólo sabía que en aquellos ojos estaba reflejado el paraíso, Y que el cielo había sido testigo de aquel juramento, dando su promesa de no llevarse las estelas de aquel mundo pequeño, y gigante como en los sueños. Los momentos se tornaron un viento ensordecedor, el murmullo más bello de todos, la esperanza en almas nacidas en aquella tierra bella…y los pergaminos de la tristeza se deshicieron como dos lagrimas nacidas del pesar. ¿Qué otra cosa podía pasar? entregándose al viento se transformaron en alquimistas exitosos, y las quimeras de aquella noche reluciente quedarían en aquellos ojos por siempre, mientras el propio púrpura daba el saludo inicial de aquellas gigantes esperanzas
Y el universo silenció su vida para dar a aquellas golondrinas la mayor felicidad de todas, para otorgar aquella dulzura de las estrellas gigantes.

Y se silenció hasta el transcurso de nuestro segundo maravilloso c:
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